Unocia y el Mar
Esa mañana Unocia no quiso levantarse de la cama, no quiso sino dormir y mantener los ojos cerrados. Soñaba con caballitos encolicrespados y que era una Sirena que se mezclaba entre las algas y las estrellas del mar.
Esa mañana Unocia decidió que su vida era dormir, y entre las nubes olvido que no tenía alas, mas aun así flotaba cual un suspiro desde el centro del corazón, olvido que no tocaba el suelo y levitaba entre las manos de Dios. Sus dedos eran suaves esperanzas de un mañana, sus cabellos las ultimas líneas del camino al infinito, sus delicadas sonrisas y suaves curvas el rayo de cada mañana… Unocia esa mañana decidió no despertar…
A la espera de un mañana Unocia se despidió de mamá frente la puerta de su casa. Y recordó que era una sirena que flotaba entre la mar, y recordó que era un ángel que no necesitaba de alas ni cielo para volar… ella… simplemente tomo un metal frío y lo clavo en su corazón.
Esa tarde, aun yacía en cama cuando el doctor vino a su herida mirar, el océano corría entre sus aberturas, y se veían ríos ardientes de soledad, la sangre no pasaba por ningún lugar, uno que otro delfín saltaba entre los pliegues de su herida mortal. Su corazón estaba abierto en dos, y sus senos hacían del paisaje una obra de oscurantismo y ansiedad. Unocia esa mañana decidió que ya no era ni el cielo, ni el sol y menos el mar, Unocia esa mañana encontró dentro suyo un ser que dormía en soledad.
Al pasar la noche, a eso de las no se que lunas nocturnas, nuestra pequeña se convirtió en una esperanza, mamá besaba sus ojos y acariciaba su blanca piel.
Frío, frío, decía el viento contra la ventana
Solo, solo, miraba la luna desde las ramas
Triste, triste, repetían las nubes grises de la desesperanza
Adiós, adiós, un viejo amor…
Adiós, adiós, un cansado corazón
Adiós, adiós, Unocia adiós…
MUERE!!! Y despertó Unocia asustada en su cama, rodeada de humedad la piel y la cara, sus manos bañadas en sudor, claro y tibio cual brizna en el verano. Toco su pecho y miro debajo de su pijama, su pecho estaba agitado y ninguna marca abarcaba su cuerpo, solo esa marca de verse distante de la utopía.
Se recostó de nuevo en su almohada, asustada y consternada, sus manos sobre su vientre y el eco del grito que oyó antes de despertar (MUERE!!!) le retumbaban en la cabeza. Las hojas se agitaban lentamente fuera de su ventana, el viento zumbaba sin mencionar palabra alguna y el sol chocaba fuerte contra su cobertor.
Deslizo sus manos lentamente hasta su pecho y cerro los ojos, y al callar el viento, el calor y el árbol de la calle, vio un bosque blanco, un hombre de negro bajando a un agujero un cajón en forma de ataúd…
Quiso volver a abrir los ojos y miro a su alrededor, estaba sola, estaba vacía, estaba con ella misma… su corazón lo sepultó la esperanza y su deseo se volvió una amenaza, sus manos eran finas dagas que atravesaban el metal mas grueso y compacto del mundo, su vida una herida, su sonrisa el dolor, su piel una ofensa, su existencia la desgracia… Unocia… decidió morir…
Esa mañana Unocia soñó con sirenas y caballitos de mar, era un ángel ahogado en el océano, era una paloma que nació sin alas… era el amor sin alma.
"Sí, tu amor me hace feliz, pero me hace daño para vivir, por ello, prefiero vivir infeliz toda la vida sin amarte"
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