miércoles, 21 de febrero de 2007

Amanece...

Amanece,
Y lo único que queda es una hoja blanca sobre la cama
Un aroma de sal se esfuma tras del sol
Un alma se suicida lentamente desde mi ventana
Y otro corazón me dice que no puede ser...

Al mediodía,
La poca de fe que me queda me pregunta, qué hago solo?
Cuales fueron mis pasos equivocados
Donde debía pisar y donde debí callar
Quien me podía decir las cosas...
Quien me podía hablar... y quien me podía enmudecer...

Al caer la tarde,
Un corazón arrastrado tras las memorias toca mi puerta
Se me había caído, no... Lo había tirado por la ventana
No lo soporte mas... lo arroje desde mi ventana
Por desgracia, aun vive, aun palpita... aun llora...
Y quien puede decirme que me equivoque
Que hice mal, que hice bien
Quien diablos puede aclararme que mi poesía fue un puñal
Que mis palabras de alivio fueron un veneno silencioso y letal
Que cada una de las frases delicadas como...
Yo le temo a que no me quieras...
Pero el deseo esta en cada cual...
Y el quererte no es una alegría, es un milagro...
Y no porque no merezcas ser querida...
Sino porque eres un milagro...

Y en la noche...
Me pregunto, dónde estas?
Cómo estarás?
Pensarás en mí?
Seré parte de tu espacio... al menos sea por un segundo?

Mi poesía es tan asquerosa sin la alegría de tu presencia
Es nauseabunda, denigrante, a-rítmica, depresiva
Mis letras se parecen a esa que un día leí
A una bazofia de palabras amarradas de un papel
Se parecen tanto a una maldita tarde de lluvia con sol
Se parecen tanto a una mísera mañana de palomas y cazadores
Se parecen... tanto pero tanto... a eso que no quería ser...
Y que en estos momentos, durante todo el día soy...

Yo le temo a que no me quieras...
Y mi temor se hizo realidad...
Y la fantasía se hizo fantasía...
Y mi vida, sigue siendo sólo (exclusivamente) eso...
La esperanza de la muerte en el temor...

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